// Nuevas tecnologías: estar al día sin morir en el intento

Uno de los momentos más temidos en la vida profesional del director de medios de comunicación del Parlamento Europeo llega cuando los responsables del Webcomm  asaltan su despacho con cara de chicos traviesos y una carpeta bajo el brazo para presentar “un nuevo proyecto”. Algo que puede ir desde una sesuda restructuración de los protocolos de archivo “on line” a ver aparecer encima de la mesa un grupo de extraños muñequitos pintados de azul y amarillo parecidos a una versión oronda de los pitufos y respondiendo al críptico nombre de YaBs.

T-shirt

Presentarle un nuevo proyecto Internet pone doblemente a prueba al director: en primer lugar, en relación con su capacidad o incapacidad de comprender de lo que se le está hablando. El director es consciente de que necesita entender al menos uno de cada tres conceptos y evitar que su expresión facial denote el enorme esfuerzo neuronal en curso. En segundo lugar, porque se verá obligado a decidir dónde fijar los límites a la hora de aceptar propuestas sin duda sugestivas pero que a priori casan mal con la pretendida seriedad de instituciones como el Parlamento Europeo.

Respecto al primer reto, por suerte el director ya pasó por una experiencia similar cuando hace unos años supervisó la construcción de una nueva sala de prensa llena de artilugios electrónicos, hardware y software por todas partes. Participar en una discusión permanente entre técnicos audiovisuales, especialistas informáticos, arquitectos  y representantes de los periodistas no es algo para lo que preparen en ninguna prestigiosa academia europea ni tampoco que se exija explícitamente en los concursos de acceso a la función pública europea. Eso sí, el director pronto llegó al convencimiento de que el desconocimiento de la materia tratada suele ser una ventaja a la hora de proponer soluciones aceptables por todas las partes.

El segundo reto es mucho más complicado, porque los equipos Web, cumpliendo a la vez con su instinto y con su obligación, proponen continuamente instrumentos recién llegados del otro lado del Atlántico, apenas  utilizados hasta ahora en la comunicación institucional y menos aún en la parlamentaria. El director se encontrará rápidamente entre la espada y la pared: la espada de quienes creen con razón que hay que de adaptarse a los nuevos tiempos “como Obama, jefe”; la pared de la jerarquía, que no necesariamente va a aceptar automáticamente la utilización de instrumentos a priori poco acordes con la solemnidad de un Parlamento.

En menos de cinco años la manera de comunicar del Parlamento Europeo ha cambiado radicalmente. Se ha hecho más moderna, más accesible y más plural. Probablemente también más coherente.

Al principio fue algo tan inocente como reestructurar el website pensando más en el ciudadano de a pie y menos en el experto europeo o como lanzar ese nuevo website  rodeados de “geeks” con camisetas negras y lemas tan surrealistas como “A hemicycle is not half a bike” o tan militantes como “Who cares Europe? I do”. Después vino producir contenidos audiovisuales propios (¿por qué un parlamento podría enviar comunicados de prensa pero no videos?) u organizar chats con el presidente del Parlamento. Más tarde, aprovechando el “todo vale” de las elecciones europeas, se produciría el salto (parcial) al Web 2.0, a las redes sociales, blogs, wikipedia, las consultas y debates en línea, las campañas virales con chicas histéricas y ciclistas gregarios y la utilización de todo tipo de plataformas de difusión multimedia. Instrumentos la mayoría de los cuales han demostrado plenamente su validez y, pasadas las elecciones, se han integrado sin apenas discusión en el elenco de los servicios de comunicación del Parlamento.

En menos de cinco años la manera de comunicar del Parlamento Europeo ha cambiado radicalmente. Se ha hecho más moderna, más accesible y más plural. Probablemente también más coherente. Pero queda mucho por hacer y por mejorar, sobre todo si no queremos perder el tren de Internet,  un auténtico tren bala japonés.

No se preocupen. Cualquier día de estos la mesa del director volverá a llenarse de extraños proyectos y la pantalla de su ordenador de intrigantes slide shows, mientras varias miradas expectantes escudriñan su rostro intentando adivinar si entiende algo de lo que ve, si lo que ve le gusta y si será tan irresponsable como para aceptar.

Pero la próxima vez les diré la verdad. Lo prometo.

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